Colombia no necesita menos tecnología, sino más lectura profunda: la lección de PISA 2025

Los resultados de PISA 2025 deberían encender una alarma en Colombia. No solo porque el país obtuvo 399 puntos en lectura, 62 menos que el promedio de la OCDE, sino porque la trayectoria continúa deteriorándose: el puntaje cayó nueve puntos desde 2022 y acumula un retroceso de 23 puntos desde 2015.

El problema tampoco es exclusivamente colombiano. Entre 2018 y 2025, el promedio de lectura de la OCDE descendió 25 puntos; si se amplía el periodo hasta 2015, la caída llega a 28. La OCDE estima, como referencia aproximada y no como equivalencia universal, que unos 20 puntos pueden representar un año de aprendizaje. Estamos, por tanto, ante una pérdida educativa de enorme magnitud.

Pero el dato más inquietante está debajo del puntaje: a los estudiantes les cuesta cada vez más sostener la atención que exige un texto.

De la lectura profunda a la respuesta apresurada

PISA encontró que las mayores dificultades aparecen en las tareas basadas en textos largos, especialmente cuando es necesario recordar información, relacionar distintas partes y evaluar críticamente lo leído. Localizar un dato aislado resulta menos problemático; construir una interpretación completa, mucho más.

La proporción de “lectores apresurados” —estudiantes que contestan rápida e incorrectamente— casi se duplicó en los países de la OCDE: pasó del 6,6 % en 2018 al 11,4 % en 2025. Al mismo tiempo, la proporción de lectores fluidos y precisos disminuyó siete puntos porcentuales.

No estamos viendo solamente una reducción del vocabulario o de los conocimientos escolares. También aparece una dificultad para detenerse, releer, tolerar la complejidad y perseverar cuando la respuesta no es inmediata. Son precisamente las capacidades que permiten distinguir un argumento de una consigna, una evidencia de una opinión y una fuente confiable de una manipulación.

En la era de la inteligencia artificial, leer profundamente no es una habilidad del pasado. Es una forma de defensa intelectual.

Colombia frente a Singapur y las regiones chinas participantes

La distancia con los sistemas asiáticos de mayor rendimiento es considerable:

Sistema educativo Lectura Ciencias Matemáticas Resolución computacional
Colombia 399 414 381 432
Promedio OCDE 461 482 463 500
Singapur 535 560 563 563
B-S-J-Z (China) 527 597 612 560

 

En lectura, Singapur supera a Colombia por 136 puntos y B-S-J-Z (China), por 128. Esta última denominación requiere una precisión: PISA no evaluó una muestra representativa de toda China, sino estudiantes de Beijing, Shanghái, Jiangsu y Zhejiang. Por eso sus resultados no corresponden al promedio nacional chino.

También sería equivocado hablar de un único “modelo asiático”. Sin embargo, Singapur, las regiones chinas participantes, Japón, Corea, Macao y Taipéi Chino comparten un resultado relevante: se encuentran entre los sistemas con mejor desempeño en varias áreas, incluida la lectura.

Eso no significa que sean inmunes al deterioro. Singapur perdió ocho puntos en lectura entre 2022 y 2025. Su ventaja consiste en partir de un nivel mucho más alto y en conservar prácticas que protegen la concentración. El propio informe destaca que, a pesar de contar con aulas altamente tecnológicas, sus estudiantes siguen dedicando un tiempo considerable a los textos impresos y la lectura ocupa un lugar central desde los primeros años.

En B-S-J-Z (China), Japón y Corea, menos del 10 % de los estudiantes informó que sus compañeros se distraían con dispositivos digitales durante la mayoría o la totalidad de las clases de ciencias. PISA también encuentra, en el conjunto de países, que las escuelas con prohibiciones o reglas claras para el uso de celulares registran menos distracción.

La lección no es copiar mecánicamente a Asia, sino reconocer algo elemental: incorporar tecnología no obliga a entregar el aula a la interrupción permanente.

El papel como infraestructura de la atención

La defensa del libro impreso no debe basarse en la nostalgia ni en una guerra contra las pantallas. Debe entenderse como una decisión pedagógica.

Los análisis de PISA 2018, retomados en el informe de 2025, muestran que los estudiantes que leían libros en papel con mayor frecuencia tendían a obtener mejores resultados en comprensión que quienes leían principalmente en dispositivos digitales o rara vez leían libros. La asociación se mantenía después de considerar el perfil socioeconómico de estudiantes y escuelas.

Esto no demuestra, por sí solo, que el papel sea la causa exclusiva del mejor desempeño. Pueden intervenir el gusto por leer, el ambiente familiar, la calidad de la enseñanza y muchas otras variables. Sin embargo, el hallazgo coincide con un conjunto más amplio de señales: disminuyó la lectura por placer, cayó el consumo de ficción y textos extensos, aumentaron las actividades digitales fragmentadas y se hicieron más frecuentes los cambios entre tareas.

El papel ofrece un entorno particularmente favorable para contrarrestar esas dinámicas. Un libro no despliega notificaciones, no compite con otras aplicaciones y no invita a saltar de estímulo en estímulo. Facilita la ubicación espacial de las ideas, la relectura, la anotación y la construcción pausada de un mapa mental del texto.

Proteger la lectura en papel no significa eliminar la lectura digital. Significa reservar un espacio en el que la atención no sea permanentemente amenazada. 

Una brecha que también es social y de género

En Colombia, las estudiantes obtuvieron 407 puntos en lectura y los estudiantes, 391: una diferencia de 16 puntos a favor de las mujeres. Aunque es menor que la brecha promedio de 30 puntos en la OCDE, sigue siendo significativa y exige estrategias específicas para involucrar a los varones en la lectura sostenida.

El origen socioeconómico también está más asociado con el desempeño lector en Colombia. El índice económico, social y cultural de PISA daba cuenta del 15,4 % de la variación de los resultados, frente al 9,2 % en el promedio de la OCDE. Aunque entre 2022 y 2025 la brecha de lectura entre el 25 % más favorecido y el 25 % más desfavorecido se redujo numéricamente de 102 a 89 puntos, el cambio no fue alentador: el resultado de los estudiantes desfavorecidos disminuyó cerca de tres puntos, mientras el de los favorecidos cayó alrededor de dieciséis. No se trató, por tanto, de un cierre de la brecha impulsado por el progreso de quienes parten con menos oportunidades.

Este indicador no mide directamente el acceso a libros, pero deja una advertencia clara: una política de lectura impresa no puede depender de la capacidad de compra de las familias. Si el papel se convierte en un privilegio doméstico mientras la escuela ofrece únicamente pantallas, las desigualdades culturales pueden profundizarse.

Por eso, proteger el libro significa garantizarlo como bien público: bibliotecas escolares vivas, colecciones de aula, sistemas de préstamo y suficientes ejemplares para que todos puedan leer un texto completo.

La falsa oposición entre capacidades digitales y lectura

Colombia alcanzó 432 puntos en resolución computacional de problemas. Sería tentador compararlos directamente con los 399 puntos de lectura y concluir que los estudiantes son mejores en lo digital. Esa lectura sería metodológicamente incorrecta: las dos evaluaciones utilizan escalas diferentes y sus puntajes no se pueden restar como si midieran la misma habilidad.

Además, Colombia permanece por debajo del promedio de la OCDE, situado en 500 puntos, en resolución computacional. PISA señala que esta prueba mide competencias relacionadas, pero distintas: aprender a utilizar herramientas, experimentar, modelar, programar, interpretar retroalimentación y ajustar estrategias dentro de un entorno interactivo.

La conclusión útil es otra. Colombia necesita desarrollar simultáneamente las capacidades digitales y la lectura profunda. Saber navegar una interfaz no reemplaza la comprensión de un argumento; utilizar inteligencia artificial no elimina la necesidad de evaluar sus respuestas. Sin una base lectora fuerte, la tecnología puede acelerar la circulación de información sin mejorar su comprensión.

Bibliotecas con pocos libros y poco personal

Colombia ya conocía la precariedad de sus bibliotecas escolares. El diagnóstico incluido en el CONPES 4068 de 2021, basado en información recogida principalmente entre 2019 y 2020, examinó 7.000 establecimientos educativos. El 25 % no tenía biblioteca y, entre los que sí contaban con ella, solo el 62 % disponía de un espacio exclusivo.

El 20 % no poseía ninguna colección bibliográfica. Entre los establecimientos con libros, el 78 % tenía menos de 1.000 ejemplares y el 35 % afirmaba que sus colecciones nunca se actualizaban. Más de la mitad de las bibliotecas carecía de computadores y, fuera de Bogotá, solo el 31 % tenía conexión a internet.

La situación del personal era igualmente débil: apenas el 31 % de los establecimientos reportaba una persona dedicada exclusivamente a la biblioteca y el 36 % de quienes supervisaban estos espacios no tenía un título de educación superior.

El CONPES planteó acciones para fortalecer las bibliotecas y definir mejor el perfil, la financiación y la vinculación del personal bibliotecario. Años después, el Proyecto de Ley 221 de 2023 intentó establecer una regulación específica para garantizar su funcionamiento y sostenibilidad. La iniciativa no completó el trámite y fue archivada.

Colombia conserva normas generales que mencionan las bibliotecas escolares, pero no cuenta con una ley nacional específica e integral equivalente a la que regula las bibliotecas públicas. El diagnóstico existe; lo que falta es convertirlo en una garantía efectiva y duradera.

Es importante matizar. No es que el CONPES 4068 haya quedado por completo en el papel, sino que su ejecución está muy lejos de lo planteado. Según el último corte completo disponible en SisCONPES, al cierre de 2025 la política apenas había alcanzado el 22,23 % de sus metas finales y el 33,41 % de lo programado para ese año. De sus 43 acciones, solo tres cumplieron la meta anual, 39 quedaron rezagadas y una no tenía un dato aprobado. Los atrasos afectan precisamente los pilares de una biblioteca escolar: el sistema de información permanecía en 0 %, la Red Nacional de Bibliotecas Escolares llegaba al 12 % de su meta final, la dotación de colecciones al 24 % y la definición del perfil, la financiación y la vinculación de los bibliotecarios no registraba avances aprobados. Aunque el indicador de conectividad a internet aparecía cumplido, la infraestructura institucional, el personal y el acceso permanente a colecciones impresas seguían lejos de consolidarse.

Cinco decisiones para proteger la lectura

Colombia podría convertir los resultados de PISA en una agenda concreta:

  1. Garantizar lectura diaria y sostenida en papel. Reservar entre veinte y treinta minutos dentro de la jornada escolar, con celulares y otras distracciones neutralizadas.
  2. Asegurar libros para todos. Fortalecer bibliotecas, colecciones de aula y préstamos domiciliarios, priorizando escuelas rurales y comunidades con menores recursos.
  3. Enseñar a leer textos largos en todas las asignaturas. Ciencias, historia y matemáticas también deben trabajar la relectura, la anotación, la integración de información y la evaluación de fuentes.
  4. Usar la tecnología con un propósito definido. Las pantallas deben emplearse cuando aporten simulación, retroalimentación, creación o acceso; no como formato automático para cualquier actividad.
  5. Medir algo más que el puntaje final. Conviene observar la comprensión de textos extensos, la frecuencia de respuestas apresuradas, la persistencia y las brechas por género y nivel socioeconómico.

Colombia no saldrá de su crisis lectora distribuyendo tabletas sin una estrategia de atención, pero tampoco encerrándose en una falsa nostalgia analógica. Necesita una política híbrida e inteligente: tecnología cuando amplíe el aprendizaje y papel cuando sea necesario proteger la concentración.

El libro impreso no es el enemigo del futuro digital. Puede ser, precisamente, el gimnasio cognitivo que prepare a los estudiantes para habitarlos sin quedar sometidos a su velocidad.

Fuente principal: OCDE, PISA 2025 Results (Volume I): Future-Ready Students, 2026.