Julián de Zubiría toma la serie Adolescencia como punto de partida, pero desplaza la pregunta policial —quién cometió el crimen— hacia la responsabilidad social que lo hizo posible. Examina la navegación perpetua de TikTok y Spotify, los circuitos de dopamina diseñados para prolongar el consumo, el aumento de ansiedad posterior a la expansión del teléfono inteligente y la circulación de comunidades digitales que convierten frustraciones juveniles en misoginia, xenofobia o discursos de extrema derecha. La lectura no culpa exclusivamente a las pantallas: familias, escuelas, influenciadores, empresas y gobiernos forman la comunidad que educa. Por eso propone debatir la regulación de las redes, limitar el anonimato, transparentar los algoritmos y elevar la edad de acceso. Para la escuela reserva una tarea que no se resuelve prohibiendo teléfonos: formar para pensar, comunicarse y convivir. Un rector debería abrir la discusión con jóvenes y familias, comparar beneficios y daños y convertir el entorno digital en objeto de análisis crítico.
Alfredo Ayarza — presentador y moderador de Editorial Magisterio; Julián de Zubiría Samper — pedagogo, investigador y director del Instituto Alberto Merani