Magisterio Books

No. 43. Competencias conversacionales



Al referirse a las competencias conversacionales, con frecuencia se limita su circunscripción al ámbito de situaciones relacionadas con los procesos de hablar y escuchar. No obstante, en el campo de la profesión docente se abre un abanico de posibilidades en este terreno, en la dirección que concierne a los vínculos de este tema con el desarrollo del pensamiento divergente, la promoción de una actitud crítica, la capacidad de argumentación, el compromiso en la comunicación, la expresividad y la función social del lenguaje, entre otros aspectos. Cuando el escritor Carlos Fuentes vaticina que “la educación es el único contrapeso que tienen las sociedades contra el pensamiento único”, toca un punto sensible para la pedagogía, cual es el de la visión plural del mundo, que se gesta en el medio educativo al contar con la apertura de espacios de interrelación de las personas y la creación de ambientes propicios al intercambio de ideas, a la interlocución, a la consideración del lenguaje como “un poderoso instrumento de poder, de expresión y de conocimiento”. Es precisamente en este tópico donde cobra vigencia la necesidad e importancia del diálogo. Es claro que el diálogo remite a la participación y ésta, a su vez, comporta una dinámica. En este devenir, tiene cabida una amplia visión de los actos de hablar y de escuchar. Al respecto, se ha pronunciado el profesor Luis Alfonso Ramírez a partir de la concepción de que “la riqueza de una conversación no está en la oportunidad que tienen todos de hablar sino en la inclusión inmediata del otro en lo que se dice; en el mantenimiento de la atención del interlocutor porque siente que lo que se le está diciendo es parte, a favor o en contra de sus ideas”. En este punto, Paulo Freire resalta en su obra “la importancia del silencio en el espacio de la comunicación… escuchar el habla comunicante de alguien como sujeto y no como objeto, entrar en el movimiento de su pensamiento volviéndome lenguaje”. En otras palabras, se trata del “milagro de la voz”, frase acuñada en su libro La escuela de la noche, por el ensayista William Ospina, mediante la referencia a una experiencia de su niñez: “… todo niño necesita aprender a vivir los relatos, y para eso no bastan cartillas ni lecciones. Uno sólo sabe leer cuando sabe leer un cuento en voz alta, y para ello es necesario haber oído cómo se cuentan los cuentos. Pues hay un milagro de la voz, que logra con lo escrito la misma magia que logran los músicos con la partitura, darles vida en los corazones a unos signos detenidos sobre el papel”. Estas consideraciones nos remiten a las revelaciones de Albert Camus en su novela autobiográfica El primer hombre, al referirse a su maestro de la infancia y a su relación con los estudiantes: “… vivía con ellos contándoles la historia de otros niños que había conocido, les exponía sus propios puntos de vista”… y ellos, los niños, “sentían por primera vez que existían y que eran objeto de la más alta consideración: se los juzgaba dignos de descubrir el mundo”. De lo cual puede colegirse que la perspectiva que construimos sobre nosotros mismos, suele derivarse de la visión que nos brinda el otro, ese ser humano con el que dialogamos, al que escuchamos con atención, con quien debatimos, a quien confiamos nuestros secretos o presentamos nuestros proyectos y propuestas. En atención a este planteamiento, es viable afirmar que es el maestro quien tiene la responsabilidad de diseñar e implementar estrategias para hacer de la conversación una herramienta crucial en los procesos de aprendizaje y formación.Tal es el sentido de esta nueva edición de la Revista Internacional Magisterio que pretende, entre otros objetivos, aproximarnos a una didáctica de la comunicación oral; remitirnos a una caracterización del diálogo pedagógico y al compromiso que nos asiste frente a él como maestros; así como también mostrar una manera innovadora de vivenciar el aprendizaje, en tanto adquisición de “la capacidad de cambiar y usar el conocimiento de manera flexible”; resaltar la importancia de asumir “responsabilidad y autoridad en el uso de la palabra a lo largo de la vida”; y, en fin, presentar diversas posibilidades en torno al posicionamiento de la pedagogía de la conversación, como una puerta de entrada hacia el conocimiento de sí mismo y la valoración de las personas.

Tabla de Contenidos