Magisterio Books

No. 44. Convivencia sin violencia en las instituciones educativas



Podría asumirse en educación que formar para el desarrollo social debe iniciarse con un proceso concreto de desarrollo individual? ¿Podría asumirse, también, desde la educación, que alcanzar los valores sociales sólo se logra desde la adquisición de los valores individuales? Hoy nos preguntamos si el excelente programa de comunicación social sobre los siete aprendizajes básicos para la educación en la convivencia social, del que se han benefi ciado miles de instituciones educativas latinoamericanas en los últimos quince años, en básica primaria, básica secundaria y media vocacional, en realidad, ¿ha dado buenos frutos? o ¿si se ha quedado corto al pretender facilitar, precisamente, solo estos siete aprendizajes: aprender a no agredir al congénere, aprender a comunicarse, aprender a interactuar, aprender a decidir en grupo, aprender a cuidarse, aprender a cuidar el entorno y aprender a valorar el saber social? Estos siete aprendizajes, respectivamente, son la base para: “la convivencia social”, “la autoafi rmación personal y grupal”, “la relación social”, “la nueva alternativa para el manejo de la política y la economía”, “la nueva estrategia de salud y seguridad social”, “la propuesta para lograr la supervivencia” y, “la propuesta para promover la evolución social y cultural”. ¿En qué medida los educadores y educandos han ido adquiriendo estos siete aprendizajes del programa de comunicación social y en qué medida se ha venido construyendo la convivencia social en nuestros países y, en ellos, en las instituciones de todo carácter y nivel, y, en especial, en las instituciones educativas? ¿Podríamos asegurar que este programa ha sido un éxito?, o, evaluando los índices de violencia generalizada en nuestros países y las alarmantes cifras en crecimiento de este fenómeno en los últimos años, ¿podríamos pensar que no fue organizado adecuadamente? ¿Que hacen falta estrategias educativas, formativas, pedagógicas en las escuelas para asumirlo mejor? ¿Que carecemos de verdaderas estrategias antropológicas, axiológicas, ético-morales, sociológicas, psicológicas para asumir pedagógicamente esta tarea de formación del ser, del sentir, del pensar, del actuar, del vivir y del convivir, toda vez que nuestras escuelas hacen más énfasis en el saber, en el saber hacer, en el aprender y en el emprender? Así como nuestros países se preocupan por las competencias académicas, científi cas, cognitivas, laborales, ocupacionales, investigativas, tecnológicas, de liderazgo y emprendimiento, evidenciadas en los currículos institucionales y en los criterios e instrumentos de evaluación, es posible preocuparnos también por el desarrollo de las competencias antropológicas, afectivas, ético-morales, axiológicas, espirituales y ciudadanas. También es posible, en las escuelas, no solamente formar alumnos académicamente competentes, sino seres humanos nobles, buenos, afectivos, honestos, responsables, respetuosos, con valores humanos, sociales, espirituales y con excelentes actitudes y comportamientos ciudadanos como la fraternidad, el servicio, la justicia, la equidad, la solidaridad, el compromiso, la tolerancia, la asertividad, la caridad y el altruismo. Los educadores de hoy sabemos que sí debe preocuparnos la formación humana y no solamente la académica y que sí debemos asumir el reto de esta educación sin desmejorar la enseñanza instruccional, pero, ¿cómo hacerlo?... Si te paseas por las páginas de este número de la Revista Internacional Magisterio, encontrarás herramientas, estrategias, métodos, técnicas, procesos y procedimientos para ello, con fundamentos claros, conceptos actualizados y respondiendo a contextos reales en situaciones específicas en las cuales se han dado los problemas, pero en las cuales se han encontrado alternativas de solución que, sistematizadas como experiencias exitosas en el campo del bienestar, la promoción y el desarrollo humano y social, nos permiten, hoy, tener la esperanza de acabar en las instituciones educativas con estos problemas de violencia escolar y, si hay paz en la escuela, lo más probable es que a futuro haya paz en sociedad. Te invitamos a sentir, pensar, actuar y vivir estos problemas y a asumir estrategias pedagógicamente estructuradas para aportar a la solución de los mismos. Este número de la revista te lo va a facilitar.