Magisterio Books

No. 53: Bullying



 

Revista Internacional Magisterio. No. 53 noviembre - diciembre de 2011
 
Dada la importancia que le están dando los medios de comunicación, porque se habla del tema más allá de los muros de la escuela o, posiblemente, porque el asunto empieza a ser tratado por los políticos y en las políticas de seguridad ciudadana, mucha gente piensa que el asunto de la violencia en la escuela y la violencia entre escolares es un tema propio de la época; la cuestión de las escuelas ingobernables está situada en el centro de la atención y aparece relacionada con una percepción de niñez, adolescencia y juventud incontroladas e incontrolables, para los que las leyes son muy laxas y los castigos muy blandos.
 
Los temas violencia escolar y violencia entre los escolares, de los que trata esta edición de la Revista Internacional Magisterio, no surgen en nuestros días, tienen su historia y siguen siendo una inquietud en búsqueda de respuestas, aunque no las haya ciertas y definitivas; por el contrario, desde hace unos 15 años, el tema se viene configurando como un campo de estudio, debate, disputa y de lucha académica, simbólica y política (Kriger, 2011); quizás, por ser esto así, la noción de violencia escolar no se debate suficientemente, funcionando como una etiqueta superficial, un aplique más, lo mismo que los términos: convivencia, democracia, ciudadanía y corresponsabilidad; todos ellos aparecen como rótulos o máscaras del lenguaje que ocultan gran cantidad de fenómenos interconectados, situaciones conflictivas, eventos agresivos, comportamientos incontrolables, actitudes desadaptados y gestos agresivos que irrumpen en la cotidianidad de la vida de las personas y de las instituciones educativas.
 
Rótulos o máscaras que requieren, casisiempre, de personas y acciones que losporten y es desde los que se designan los sucesos y sobre ellos se desarrollan las narrativas que circulan por diferentes medios, espacios y tiempos sociales. De esa manera, la situación y la construcción social que se esconde bajo las etiquetas, dejan de ser un motivo de interrogación y problematización, dejan de decir algo sobre lo que sucede en nuestras sociedades, porque el problema se reduce a individuos o hechos etiquetados, permitiendo naturalizar y volver ahistórica la situación problemática.
 
Así, cuando se habla de violencia en la escuela, se está haciendo referencia a un modo de relacionarse con los otros que implica imposición y unilateralidad y supone, a la vez, que el consenso y el consentimiento están ausentes. Por ello, vale la pena desnaturalizar, quitar la etiqueta que habitualmente se usa y empezar a desligar cosas o a diferenciar las dimensiones individuales, colectivas, institucionales, además de las culturales, sociales, políticas que se presentan.
 
Como lo señala Brringiotti,
“Hablar de violencia en la escuela como un problema puntual resulta reduccionista ya que dicha violencia implica múltiples violencias que se superponen potenciando su efecto sobre los niños. Sería más adecuado hablar de un interjuego de violencias –la social, la institucional, la intrafamiliar– que ofrece una multiplicidad de situaciones en las que los niños participan directa o indirectamente y que provocan consecuencias en ellos”
(2005, p. 25).
 
De aquí que es necesario preguntarse, entre otras cosas: ¿La violencia llega desde fuera a las escuelas? ¿Se produce en las escuelas? o ¿Se refleja en las escuelas? ¿Es distinta la violencia fuera o dentro de la escuela? ¿En qué se parecen, en qué se diferencian? ¿Es efecto de la violencia que se vive afuera? ¿Es el resultado de la exclusión que viven muchos de los que interactúan en la Institución Educativa? ¿La única violencia que hay en la escuela se produce entre escolares? ¿Cuáles son los motivos? ¿Podemos hablar de una violencia escolar y de otra, diferente, entre escolares? ¿A quién o a quiénes sirve la violencia en la escuela? ¿Qué o quiénes se benefician de ella?
 
En los textos que presenta esta edición de la Revista se van a abordar algunas de estas preguntas; por ello, los artículos se ordenan desde visiones generales de lo investigado (Abraham Magendzo Kolstrein y María Isabel ToledoJofré), planteamientos que abordan los sentidos tradicionales de la violencia entre los estudiantes (Jorge Baeza C, Mario Sandoval M., además de Mari Luz Marín Posada), la caracterización de la violencia escolar y sus modelos de comprensión e intervención (Jorge Varela Torres, Luis Agurto Álvarez, más los textos de Stefani Castaño; de Verónica López, Claudia Carrasco, Macarena Morales, Álvaro Ayala; y de Viviana Ospina). La Revista se cierra con reflexiones pedagógicas que aúnan la experiencia con la reflexión pedagógica (Yólida Yajasiel Ramírez; y de Alfredo Manuel Ghiso). Nuestra esperanza como colaboradores en este número dedicado a la violencia escolar y entre escolares, es que sirva como radar mental, como inquietud sensibilizadora de nuevos procesos de reflexión, buscando que éstos sean abiertos y críticos; dos características que permitirán ampliar el debate y buscar pistas y una que otra recomendación, para hacer frente a los problemas que tenemos entre manos.