Magisterio Books

No. 55 Educación y familia



El siglo XXI nos enfrenta con acelerados cambios sociales. Uno de ellos es la transformación de las instituciones, particularmente de la escuela y la familia, tema interesante y de gran trascendencia que aboca esta edición de la Revista Internacional Magisterio. Esta metamorfosis vertiginosa de los últimos cien años hace que los autores se pregunten: ¿Podrá sostenerse la alianza? ¿Qué estrategias serán necesarias? ¿A qué llamamos ahora una familia? Hoy, el término “familia” se usa para designar las más diversas agrupaciones de adultos y niños que carecen de los criterios de la definición clásica, tal como lo describe claramente en su artículo Julián De Zubiría Samper. El intento de cristalizar en un sintagma qué es la familia es inútil, ya que, nada hay de natural y esencial en las instituciones sociales y la familia, no es una excepción. La familia, al igual que la escuela, son productos culturales que van cambiando a través del tiempo, como señalan Reynés y Zappino. Sin embargo, hay funciones que ni la familia ni la escuela pueden delegar, que son necesarias e insustituibles. Como remarca Castiblanco Palomino, el eclipse de las funciones familiares indelegables (función materna y paterna) conlleva una crisis que afecta directamente a las instituciones sociales. Duby1 (1988) describe la crisis de las funciones familiares en estos términos: “Así, la familia pierde progresivamente las funciones que hacían de ella una microsociedad. La socialización de los niños ha abandonado totalmente la esfera doméstica. La familia, pues, deja de ser una institución para convertirse en simple lugar de encuentro de vidas privadas”. Sin embargo, como señalamos en el artículo presente en esta edición, “hay algo innegable para su constitución, el ser humano necesita gestarse y constituirse en un agrupamiento que llamamos familia”. La fundamental dependencia del adulto en la que los niños están sumidos, es tal porque es el modo que tiene el ser humano de estructurarse. El carácter inacabado de los neonatos les da la plasticidad que hace del homo sapiens un homo socialis. Pero a los determinantes universales de la prematuración y de dependencia del adulto, se le adosan una pléyade de singularidades en situación. Un vínculo nuevo surge con cada niño que viene al mundo, vínculo con sus padres, con su familia, con las instituciones sociales por las que cada quien transita. El artículo de Flavia Navés hace alusión a ese carácter contextual y situado en el que en la escuela parece no haber lugar para la diferencia de Bart Simpson y busca suprimir lo que no se ajusta con un producto tecnológico: el fármaco. Aspecto que es retomado por Julio Niño Rojas y Ana Castañeda Cantillo quienes señalan la necesidad de “desarrollar nuevas maneras de colaboración y cooperación” entre los nuevos sistemas familiares y escolares. En este mismo sentido, Leonor Isaza señala la importancia de la comunicación entre estos microsistemas. Los cambios que han sufrido la escuela y la familia deben ser analizados y esto es parte de la solución, tal como lo refieren Reynés y Zappino. La diversidad humana se plasma en las instituciones sociales. Como señala Segura, las expectativas familiares no coinciden, muchas veces, con los objetivos institucionales y a esto hay que sumarle las particularidades infantiles que no siempre se adaptan a las exigencias académicas. Un tópico central en la relación entre padres e hijos lo constituye la cuestión de la autoridad, abordada por Silvia Fernández, en relación con los adolescentes; por Julián De Zubiría Samper, en relación con los modelos de autoridad y por John Castiblanco Palomino, apelando a la autoridad como función central que media en las relaciones entre adultos y los niños y jóvenes. Otro tópico que abordan distintos autores (Fernández, Isaza, De Zubiría Samper) es el problema de la comunicación intergeneracional, entre padres e hijos y entre docentes y alumnos, sus fallas y dificultades y la necesaria reestructuración de los modelos tradicionales hacia las actuales exigencias sociales. Tienen, pues, es sus manos, una gran variedad de enfoques, a cual más interesantes e importantes dada la calidad de los articulistas, y esperamos que ellos sean un aporte a la transformación que necesitan la escuela, la familia y la sociedad en general, siempre en búsqueda de la calidad educativa que perseguimos. Elizabeth B. Ormart