Magisterio Books

No. 64. Diálogo entre la educación media y superior



Si, a propósito de la Educación Media y la Educación Superior, se reconoce la necesidad de adelantar un diálogo inaplazable, es porque se trata de una realidad que no es circunstancial, efímera o momentánea. Cuando las apuestas educativas están inmersas en la inmediatez, la precipitud por ofrecer alternativas de formación cae en el activismo, en el hacer sin proyección, en el efectuar sin perspectiva. El acceso a la Educación Media y Superior, la permanencia en los diferentes niveles de formación, la calidad de los procesos formativos, los mejores resultados en pruebas nacionales e internacionales, son todos elementos cruciales de la vida de la niñez y de la juventud del presente: la manera de enfrentarlos exige disposiciones a largo plazo y pausa para la reflexión. Los elementos enunciados, y demás faltantes, pasan por dimensiones estadísticas y referentes de validación, pero convocan, ante todo, la búsqueda de sus significados y del valor social que representan. El diálogo entre uno y otro nivel de formación conlleva a re-pensar la persona, la sociedad, los saberes, la pedagogía, las instauraciones didácticas, las políticas públicas, la legislación. Sobre cada uno de estos aspectos no hay univocidad, sus significados no derivan de un monólogo, ni de un soliloquio. Es una invitación al diálogo en el presupuesto de que ni siquiera la autorreflexión es negación del encuentro con el otro y con lo otro. Convocamos múltiples y diferentes voces, y ese es el espíritu del presente número de la Revista Internacional Magisterio, pues reconocemos que el tema central pasa por la revisión, la construcción y la reconstrucción de la tríada sujeto-conocimiento- sociedad. Así, contamos con el decir de expertos nacionales e internacionales, cuya producción académica ofrece elementos de juicio que trascienden la circunstancia de un presente particular; con las voces de los estudiantes se recoge un sentir desde la vivencia y se lee el cruce, no siempre afortunado, entre el deseo y la realidad; con la palabra que deviene por la participación directa en programas que han querido acercar estos dos niveles de formación, coordinadores y profesores, tanto del país como de otras regiones de Latinoamérica, ofrecen reflexiones sobre los saberes y la formación técnica y tecnológica; al atender la participación de la educación rural, se abre una puerta para involucrar el decir de sectores desatendidos educativamente. Ahora bien, hay un elemento que teje relaciones entre ese variado decir: si en la Educación Superior existe aún un acento en la asimilación, crítica y construcción de conocimiento, este no puede adelantarse a expensas de la pedagogía; del mismo modo que un recorrido innegable de dimensiones pedagógicas en la educación media no puede ser óbice para abandonar las exigencias del conocimiento, los saberes y sus relaciones. Cuando se reconoce la necesidad de pensar en forma sistémica la educación, se supera la desconexión y se cuestionan expresiones descalificadoras sobre la ignorancia acérrima de los egresados de la “Media” o sobre la nula responsabilidad con procesos pedagógicos cuando se formas profesionales. Ese diálogo es posible cuando se asume que no hay quien sabe todo, ni hay quien ignora de manera definitiva, que no hay un nivel educativo de atención privilegiada como si se tratara de momentos terminales, de sujetos divididos, de regiones abandonadas. En tal sentido, se superan –sin desconocer– los datos cuantitativos y se crea una oportunidad para ofrecer aportes sobre el sentido, el significado, el valor y las conexiones que entre los diferentes momentos se pueden y deben establecer. Solo como abrebocas a las páginas de esta edición, se sospecha que hay aspectos que convocan tanto a la Educación Media como a la Educación Superior: a) La significatividad del aprendizaje, que no es otra cosa que la capacidad de saber si se halla sentido en lo que se aprende y se ve el aporte al propio desarrollo estructural –lo que se acerca al sentido de la educación antes que a su utilidad–. Tarea que exige nuevas disposiciones docentes y estudiantes; b) La superación del carácter administrativo que hace de la innovación una falacia, pues toda acción se centra en determinar horarios, planes de estudios, espacios e incluso tecnología, cuyo uso no afecta los contenidos sino la mediación con instrumentos de mayor impacto visual, a veces con determinaciones que imposibilitan la novedad de un docente reflexivo y un estudiante ávido. Disposición que exige trabajar horizontalmente entre administración y academia/ pedagogía; c) La urgencia económica que se exige para una educación de calidad, para un real acceso a procesos formativos de mayor nivel, para alternativas de desarrollo humano y social que, en su defecto, no pasa de ser un sofisma basado en buenas voluntades, pero en ausencia real para el país en toda su complejidad. Esperamos contribuir a una educación como acción para la comprensión antes que para la repetición, una educación para reivindicar valor para la vida y la búsqueda incesante del significado en sus diferentes grados de complejidad. Uriel A. Cárdenas A.