Magisterio Books

No. 7. Competencias lectoras. Un reto para los maestros de todas las áreas



Los seres humanos a veces nos sometemos al cautiverio de nuestras propias ambiciones y nos resulta paradójico el hallazgo de que muchas -si no todas- las expectativas de nuestra existencia encuentren respuestas profundas y certeras al alcance de nuestras propias manos; según la forma como asumamos los eventos inmediatos o los momentos cotidianos. De esta experiencia de la vida diaria, quizás, por analogía, podamos derivar el secreto y el alcance del aprendizaje de la lectura: escudriñar a fondo, traducir las señales, captar los ritmos, dilucidar las premoniciones, ver más allá de las palabras, leer entrelíneas… La institución educativa no es ajena a esta proyección de la lectura. En la gambeta en el patio de recreo se leen la picardía, la prisa y la alegría; en el experimento del laboratorio, el ingenio y la sorpresa; en la disposición de los pupitres en el aula de clase se descubre la intención de un equipo de trabajo, la timidez del niño solitario, la exclusión, la inseguridad o el liderazgo. Se leen en las líneas intrincadas de los mapas todos los caminos que conducen a Roma y en las notas del pentagrama, cada latido del corazón de quien compuso una melodía. También hacemos lecturas del partido de ajedrez, del poema, de la pieza de arte, de la ecuación, de los íconos en la pantalla, de las instrucciones para el funcionamiento de una máquina, de la receta de cocina, de las cartas de la baraja, de los signos del zodíaco, de la intuición y de la cara de la luna. El profesor de Educación Física -entrenador expectante ante su obra- como en cámara lenta lee cada movimiento del cuerpo de aquel integrante de su equipo que lanzará el pase del triunfo, y en su mente ya retumba el grito-gol. La profesora de ciencias sociales puede leer en la piel agrietada de los estudiantes de su clase toda una historia de trabajo prematuro y sufrimiento. El psicólogo escolar lee el amor en las miradas adolescentes que se entrecruzan y el miedo en el sudor de las manos de los niños. “El acento no se pone ya en ayudar a los estudiantes a leer críticamente el mundo, sino en ayudarlos a dominar los instrumentos de lectura”. Frase del pedagogo norteamericano Henry A. Giroux, bastante aproximada a nuestra propia realidad de la moda actual del saber hacer en contexto. En lo que hace referencia a la lectura, justamente de lo que se trata es de ir más allá, a fin de saber leer críticamente y de ingeniosas maneras, para transformar, crear y liberar. Tal es el concepto del desarrollo de la lectura. Y, en este sentido, quisiéramos para nuestros estudiantes, los mismos logros que anhelamos estén soñando los maestros de nuestros hijos: leer críticamente el mundo y leerlo de diversas formas, con todos los sentidos. Para descifrar con las yemas de los dedos el enigma de los dioses, como en el primer papiro egipcio; para divisar las honduras del ritual del alma fugitiva del enfermo, como en la escritura pictográfica cuna; para sentir el rugido del animal salvaje que se quedó dormido para siempre en los dibujos que un nómada trazó sobre el pergamino de su piel; para guardar en la memoria el mensaje incorruptible de las cenizas de los anahte -códices- mayas, que esparció el viento a lo largo del continente americano; para escuchar el eco de las decimonónicas lecturas clandestinas de los obreros de las fábricas de tabaco en Cuba; para aspirar el olor del mar, mientras navegamos en los versos del Barco Ebrio de Rimbaud y repasar los labios con la lengua, ante una escena shakespereana de pasión. Hablamos de la lectura como estrategia, como aprendizaje y como bitácora del maestro indagador del mundo; maestro que convoca con su ejemplo, maestro que como libro abierto se deja leer de sus estudiantes, y les enseña a desalojar la indiferencia de sus corazones y a sentir que cuando nos paramos frente a una página en blanco podemos leer el lamento del ausente o del desplazado; y cuando, en cualquier esquina, bajo un semáforo, asistimos por casualidad al deprimente espectáculo de un malabarista de ocho años de edad, estamos leyendo una página de injusticia y de violencia. En esta edición de la Revista Magisterio, como invitación para emular en la institución educativa, rendimos homenaje a la lectura, en tanto desciframiento que descubre y despeja caminos; en tanto mirada retrospectiva y prospectiva, que equilibra la balanza entre reflexión y acción; en tanto interpretación, que invita a la imaginación y señala el horizonte para el vuelo… Creemos firmemente que desde todas las áreas académicas es preciso promover espacios para el desarrollo de la lectura crítica del mundo y de las palabras. Para aprender y enseñar a no dejarnos distraer con espejismos mientras nos arrebatan el oro. Para cumplir la misión pedagógica y política de construir país y sembrar futuro.