Magisterio Books

No. 80. Derechos básicos de aprendizaje



Los derechos fundamentales son los esenciales; aquellos que se relacionan más estrechamente con las necesidades de las comunidades. No es lo mismo lo fundamental que lo básico. Las personas sobreviven con lo básico, pero no se transforman de manera plena con ello. Hablar de derechos básicos significa reconocer que existen en contraste con un conjunto de derechos más amplios; aunque la mayoría de la población cuenta con ellos, otra porción consigue ejercer derechos superiores que les trascienden. Aprender a leer y a escribir para firmar, comprender avisos, marcar con una X o publicar frases cortas en la red, puede ser un derecho básico, adquirible a través de programas de alfabetización tradicionales conocidos y sufridos por casi todos. El reto de una nación hoy gira alrededor de cómo lograr que todos los ciudadanos tengan la oportunidad de participar en comunidades letradas, si por ello entendemos que se trata de saber argumentar, con puntos de vista solventados, sobre los saberes aprendidos en las diversas fuentes de la cultura. Desde el ciclo de preescolar es un derecho fundamental aprender a asumir críticamente lo que se escucha, y lo que se mira. Más adelante, ello hará posible leer y escribir auténticamente. Cuando la educación se orienta hacia el descubrimiento del sentido de las cosas y de los entornos como una condición para vivir en el asombro y en el deseo continuo de aprender, nos acercamos a esta meta. Descubrir, por ejemplo, el sistema convencional de la escritura en el acto mismo de comunicar, en contraposición a las rutinas y actividades consistentes en asociar los sonidos con las letras independientemente de los contextos, es un reto pedagógico en la perspectiva de la formación de ciudadanos con pensamiento crítico. Este número procura aportar a una conversación pedagógica que debe tener un lugar especial en las salas de profesores, en los consejos académicos, en las reuniones de padres de familia, en los hogares, en las facultades de educación y en todas las demás instancias de producción de política pública educativa, incluso en las aulas con los estudiantes. Esperamos que su lectura sea un placer que contribuya tanto a esclarecer como a suscitar nuevas preguntas.

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